martes, 4 de diciembre de 2012


EDITORIAL

Lástima e indignación

Son las primeras palabras que escuche decir al manifestarles nuestra fea realidad. Si hablamos de discriminación, inmediatamente se nos viene a la mente raza o género, y nuestra mente no escarba más allá; pero alguna vez te has puesto a pensar en las miles de personas ignoradas totalmente por la sociedad de a pie.
Un loco se muda a tu cuadra, dormía en los jardines sobre cartones, se abrigaba con papel periódico. Aquel hombre no molestaba a nadie, podía pasarse muchas horas mirando defrente a un mismo punto, sin hablar sin moverse; es un hombre muy robusto y de piel oscura, confundiéndose con la mugredad que trae encima. Está loco y lo sabemos, no es un mendigo porque no pide dinero, no es un ratero porque no te quitará nada. Simplemente es un enfermo mental, que vive en su propio mundo, como todos pero a su manera muy propia.
Alguna vez se han dado cuenta de cómo nos alejamos de ellos, de cómo tratamos de evitarlo, siendo indigentes o estando rodeados de su familia, no hay diferencia igual tratamos de ignorarlos y hacer como si no existieran, creemos lamentablemente que no entienden, que no sienten, tal vez no les interesa lo que tú puedas ofrecerle, pero si lo mucho que tienen para darte.

“D”, tuve la oportunidad de conocerlo, aquel niño hiperactivo con indicios de retraso mental moderado, creyéndose mucho más niño de lo que aparenta a pesar de su alta estatura, si lo sé a veces no obedece, pero su mirada refleja la ternura de su edad. Su hermano mayor, al cual consideraré siempre como su padre, siempre pendiente al cuidado de “D”, estudia Psicología porque muy en el fondo sabe que su hermano lo necesita y él necesita comprenderlo, que admirable viniendo de un joven que también está viviendo.
<El mayor> así lo llamaremos, siente lástima e indignación por la inconciencia actual generada hacia los enfermos mentales, “no son capaces de comprender las dificultades que pasan… solo tienen dificultades a un nivel interpersonal y cognitivo de las cuales con el tiempo y debido apoyo y tratamiento se puede lograr un desenvolvimiento aceptable a nivel de ambos factores mencionados (cognitivo e interpersonal), nos comenta. –“ estuvimos juntos en un micro y mi hermano se pone a hablar con voz elevada, jugar en pleno carro e interactuar con una señora, pero esta se molestó, trató de callarlo y quería que se aleje de su lugar, el problema de mi hermano es evidente, así como la molestia e incomprensión de la señora”.
El testimonio de <el mayor> es el de muchas personas que estamos en contra de  la lamentable incomprensión y discriminación, excluyendo a estas personas desde muy niños y generando una sociedad con un rechazo social inminente. Pensemos muy bien antes de rechazar a una persona así, nadie está libre de tener un familiar con una enfermedad mental o más aún de ser un enfermo mental.

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